La reanudación de la fiscalización con nuevos radares en Vila Velha ha vuelto a generar debates entre conductores y residentes de la ciudad. Más que la aplicación de multas, la polémica expone una discusión más profunda sobre la movilidad urbana, la seguridad vial y el uso del espacio público.
En la evaluación del arquitecto y urbanista Murillo Paoli, el debate ha sido conducido de forma distorsionada, sin cuestionar el punto central de la política de tránsito.
“Hoy la discusión está mucho más centrada en la multa que el radar puede generar. Pero es necesario preguntar: ¿las personas están indignadas con la penalidad financiera o con el hecho de que un controlador de velocidad induce al conductor a ser más prudente, no pudiendo avanzar el semáforo en rojo o superar el límite de velocidad?”, provoca.
Según él, cuando la insatisfacción se concentra exclusivamente en la multa, existen alternativas urbanísticas que pueden ayudar a reducir conflictos en el tránsito. “Hay estrategias de reducción de velocidad y diseño urbano que hacen el espacio más seguro y más agradable para todas las personas, no solo para quienes están conduciendo”, explica. “Un reductor de velocidad, de cualquier naturaleza, garantiza que más medios de movilidad, individuales, colectivos, motorizados o no, ganen espacio y seguridad para circular en la ciudad.”
Por otro lado, Paoli pondera que, si la resistencia es al control de velocidad en sí, el debate cambia de naturaleza.
“Cuando el problema pasa a ser el radar que fiscaliza, la discusión deja de ser sobre la ciudad y la seguridad y pasa a ser sobre el mantenimiento de una libertad individual irrestricta en el tránsito, la idea de que el conductor debe tener el derecho de conducir como quiera, sin ser vigilado por dispositivos automáticos. En ese caso, la mejora del espacio urbano deja de ser prioridad”, analiza. “Si el conductor está indignado con la multa que debe pagar, podemos empezar a exigir otros tipos de reductores de velocidad. Lo que no podemos permitir es el avance de la individualidad que restringe a grupos que no comparten el uso de este medio de transporte particular, ya sea por condición o por opción.”
Datos divulgados en artículos recientes en periódicos de ES muestran que, de acuerdo con la alcaldía de Vila Velha, durante el período inicial de funcionamiento de los radares, no hubo registro de accidentes con víctimas en los puntos monitoreados — un escenario muy diferente de la media histórica registrada en esos lugares. Para el urbanista, números como estos refuerzan la importancia de políticas públicas basadas en la prevención.
“El tránsito no puede ser pensado solo a partir del flujo de vehículos, sino de la convivencia entre autos, peatones, ciclistas y residentes. La seguridad vial es, ante todo, una cuestión de planificación urbana”, afirma.


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