La felicidad y el bienestar son metas cada vez más deseadas por las personas. Incluso en medio de la prisa del mundo moderno, tecnológico y conectado, la búsqueda de un estilo de vida más saludable y de momentos de conexión consigo mismo ha despertado la atención de buena parte de la sociedad. Es la llamada health life, que llegó para quedarse y tiende a ser una tendencia en constante ascenso.
Pero, ¿qué sería la felicidad y cuál es su relación con el bienestar? Según científicos y pensadores, la felicidad es algo que no se encuentra, sino que se construye. Parece complicado, pero implica solo esfuerzo y movimientos constantes. Es como andar en bicicleta, es necesario desarrollar la habilidad y practicarla con frecuencia.
¿Y el bienestar? Es el resultado de convertir la felicidad en una decisión cotidiana. Porque esto trae un inmenso beneficio a la salud. “Para ejemplificar, si dividimos la felicidad en cinco elementos, siendo ellos el bienestar físico, emocional, intelectual, relacional y espiritual, es posible observar que tiene todo que ver con la salud. Porque si se trabaja de esta forma, la felicidad fortalece el sistema inmunológico, alejando la recurrencia de enfermedades y permitiendo una recuperación más rápida cuando estas aparecen”, comentó Juliany Pelissari, especialista en Gestión de Personas y propietaria del Buddha Spa Vitória.
Esta búsqueda por desarrollar la práctica de la felicidad también se extiende y beneficia otros campos, además del personal. Según una investigación publicada por la Harvard Business Review, las personas felices rinden más. Son, en promedio, un 31% más productivas. La calidad de vida también impacta la creatividad. Un trabajador feliz es tres veces más creativo. La encuesta revela además que las empresas que priorizan el bienestar de los empleados reducen las tasas de despido en un 55% y las de burnout, el síndrome de agotamiento profesional, en un 125%.
“Es decir, nada de culpar la falta de felicidad a la falta de tiempo o al exceso de trabajo. Después de todo, si te permites momentos de relajación, de reflexión, de cuidados contigo mismo, de intercambios con amigos, con la familia, de búsqueda espiritual, el trabajo será una parte buena y más rentable en el día a día”, destacó Juliany.
Otro punto a considerar, según la especialista, es: ¿qué realmente nos hace felices? Y aquí es necesario escapar de las trampas de las redes sociales, donde la mayoría de las personas, todos los días, parece estar comprometida a derrochar felicidad.
“No se puede creer que la felicidad sea todo aquello que los demás publican, les gusta o comparten. Nada enferma tanto como comparar nuestra vida con la de los demás. Si las redes sociales tuvieran que ser castigadas por difundir noticias falsas, todas ellas, sin excepción, tendrían que suspender sus actividades, por mentiras o distorsiones. Por eso, vale la pena resaltar que no es posible ser feliz todo el tiempo y que no es eso lo que estamos proponiendo. De vez en cuando es natural sentirse infeliz y eso es contributivo para llevarnos a reflexionar sobre las causas de los problemas y en alternativas para ser felices”, orientó Juliany.
Y es pensando en proporcionar ambientes para esta reflexión que crecen cada vez más los refugios en medio de las ciudades. Ya sea en espacios verdes, como plazas y parques, en clases de meditación, en centros de ocio o en verdaderos spas urbanos, con masajes, relajaciones, terapias para calmar, cuidar la salud y ayudar en la reconexión interior, corresponde a cada uno buscar lo que le proporciona ese alivio y desaceleración. La vida necesita de la felicidad, y la felicidad necesita de la vida.
Esta búsqueda por desarrollar la práctica de la felicidad también se extiende y beneficia otros campos, además del personal. Según una investigación publicada por la Harvard Business Review, las personas felices rinden más. Son, en promedio, un 31% más productivas. La calidad de vida también impacta la creatividad. Un trabajador feliz es tres veces más creativo. La encuesta revela además que las empresas que priorizan el bienestar de los empleados reducen las tasas de despido en un 55% y las de burnout, el síndrome de agotamiento profesional, en un 125%.
“Es decir, nada de culpar la falta de felicidad a la falta de tiempo o al exceso de trabajo. Después de todo, si te permites momentos de relajación, de reflexión, de cuidados contigo mismo, de intercambios con amigos, con la familia, de búsqueda espiritual, el trabajo será una parte buena y más rentable en el día a día”, destacó Juliany.
Otro punto a considerar, según la especialista, es: ¿qué realmente nos hace felices? Y aquí es necesario escapar de las trampas de las redes sociales, donde la mayoría de las personas, todos los días, parece estar comprometida a derrochar felicidad.
“No se puede creer que la felicidad sea todo aquello que los demás publican, les gusta o comparten. Nada enferma tanto como comparar nuestra vida con la de los demás. Si las redes sociales tuvieran que ser castigadas por difundir noticias falsas, todas ellas, sin excepción, tendrían que suspender sus actividades, por mentiras o distorsiones. Por eso, vale la pena resaltar que no es posible ser feliz todo el tiempo y que no es eso lo que estamos proponiendo. De vez en cuando es natural sentirse infeliz y eso es contributivo para llevarnos a reflexionar sobre las causas de los problemas y en alternativas para ser felices”, orientó Juliany.
Y es pensando en proporcionar ambientes para esta reflexión que crecen cada vez más los refugios en medio de las ciudades. Ya sea en espacios verdes, como plazas y parques, en clases de meditación, en centros de ocio o en verdaderos spas urbanos, con masajes, relajaciones, terapias para calmar, cuidar la salud y ayudar en la reconexión interior, corresponde a cada uno buscar lo que le proporciona ese alivio y desaceleración. La vida necesita de la felicidad, y la felicidad necesita de la vida.
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